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LA TEXTURA IMAGINARIA DE LO REAL: LOCURA Y CREACIÓN

Angel Hernando Domingo

 

 

Beaucoup plus loin, puisque le tableau n’est un analogue que selon le corps, qu’il n’offre pas à l’esprit une occasion de repenser les rapports constitutifs des choses, mais au regard pour qu’il les épouse, les traces de la vision du dedans, à la vision ce qui la tapisse intérieurement, la texture imaginaire du réel.

(Maurice Merleau-Ponty, L’oeil et l’esprit1)

… como Diderot, ha habido muchos intelectuales que han pensado que había que “coquetear” con la locura para ser artista. El escritor y terapeuta François Emmanuel recuerda en su artículo “Arte y terapia”2 que Platón ya recogía en La República cuatro formas de locura, y una de ellas era la artística. La idea del artista-fou al estilo Van Gogh se ha convertido en expresión igualadora e identificadora cuando los profanos del arte o aquellos que se enfrentan a una obra sin andamiajes teóricos o críticos juzgan la labor de un artista. Los razonamientos simplistas y sinceros sobre las propias capacidades creativas del espectador ante la contemplación de una obra de arte contemporánea corroboran esta situación

Pero, ¿qué puede pensar el hombre normal –aquel al que Matisse quería dirigir sus creaciones- cuando un artista como Marcel Brothaers exhibe en un museo una cacerola llena de mejillones o la crítica internacional entrega el premio Tate a una obra que es una sala de exposiciones vacía? Sin duda que aquello debe ser obra de un loco o de un genio3 . El concepto de genio y su asimilación al concepto de mercancía han salvado a muchos artistas del internamiento seguro al que la sociedad contemporánea somete a los marginales-marginados. Pero, ¿qué relación pueden tener locura y creación? ¿Por qué tendemos a considerar al artista como a un loco?

En definitiva, debemos reconocer que la locura es un mal y que además provoca sufrimiento; si acudimos al diccionario para definir locura nos dice que es un mal psíquico que genera en aquellos que la sufren trastornos del comportamiento y cambios en la percepción de la realidad. Y un loco es aquella persona que no tiene normales sus facultades mentales 4. Sin embargo hay numerosos estudios que diluyen constantemente las fronteras afirmando que algunas enfermedades psíquicas se encuentran en el origen de la creación, no sólo en los enfermos propiamente dichos, que pueden utilizar este método como una forma de cura5 , sino también en los grandes creadores, de Beethoven a Joyce. Por ejemplo, en los esquizofrénicos se produce el mismo desdoblamiento que en el universo del artista: de un lado, el hombre que es impulsado por los acontecimientos y, del otro, el artista que está inmerso en el proceso de la creación, sin que estos dos ámbitos sean permeables. Además, no debemos olvidar que al parecer todos en cierta medida somos ansiosos (neuróticos, psicóticos…) y que, según nos cuentan, un espíritu sano es aquel que combina o sabe combinar los tres aspectos de la ansiedad: el combativo (como Vivaldi), el reflexivo (como Kafka) y el creativo (como Beethoven) y así ansiedad y creación se convierten en una relación necesaria.

Quizá la gran diferencia entre los locos y los artistas radique en la falta de una estructura subyacente en los enfermos mentales, siendo incapaces de salir de su sufrimiento. Porque aunque por mucho que los críticos desde el romanticismo hayan intentado caracterizar al artista como un sufriente, sometido a los desvelos e inquietudes de la labor de crear (idea probablemente alejada del artista contemporáneo, o al menos alejada del análisis crítico y más cercana a la identificación o descripción psicológica de la creación), el artista, a pesar de compartir con determinados enfermos mentales la sensibilidad, su apertura hacia el exterior o el alejamiento de sí, siempre permanece a la distancia adecuada respecto a su propia obra; como afirma Maurice Merleau-Ponty, ver es tener a distancia6.

O quizá François Emmanuel tenga razón y aquello que distinga a los unos de los otros sea una idea mal concebida del crear: crear no es mostrar el en sí que somos, sino, por el contrario, mostrar algo a través del yo7. El mismo Picasso le dice a Matisse que si bien el “yo” del artista está siempre en la tela, en el texto, en donde a veces encontramos demasiado del autor8 , sin embargo, el artista-creador está interesado en algo muy diferente, algo cercano a la idea de François Emmanuel, quien afirma que el arte no puede decirse en un discurso, que el arte forma parte de lo que nos falta, de lo ilimitado, de lo universal, de lo infinito y, en consecuencia…, ¿por qué el arte debe ser razonable?9. Quelle est donc cette science secrète qu’il a ou qu’il cherche ? Cette dimension selon laquelle Van Gogh veut aller « plus loin » ? Ce fondamental de la peinture, et peut-être de toute la culture ?10

Y además, ¿no es cierto que buscamos en la creación artística otra visión del mundo alejada de la que vivimos? Picasso, en los fragmentos recogidos en su entrevista ficticia con Matisse, afirma que el arte debe ser un arma de guerra para habituarnos al mundo en el que vivimos y en el que es difícil ser persona porque no nos sentimos cómodos 11.

Podríamos finalizar en Van Gogh, más identificable para todos en el modelo de maniaco-depresivo, de loco: él busca un lugar edénico –Arles-, una figura simbólica –el girasol (imagen del amor de dios y, a la vez, imagen de la unión entre los hombres)-, y una pareja artística contra la que combatir –Gauguin12 . Esta imagen del universo Van Gogh se encuentra no sólo en sus propias telas, tal y como Picasso afirmaba que debía ser, sino también en el mundo que es capaz de inventar su compañero de taller, Gauguin, en el retrato que realiza del artista holandés reflejado como un loco. Pero este loco que ha sido capaz de pintar algunas de las obras maestras de la historia de la pintura nos describe de esta forma su pintura en el siguiente texto que cita Artaud (otro gran loco):

Dans mon tableau de Café de nuit, j’ai cherché à exprimer que le café est un endroit où l’on peut se ruiner, devenir fou, commettre des crimes. Enfin j’ai cherché par des contrastes de rose tendre et de rouge sang et lie-de-vin, de doux vert Louis XV et Véronèse, contrastant avec les verts jaune et les vert-bleu durs, tout cela dans une atmosphère de fournaise infernale, de soufre pâle, à exprimer comme la puissance des ténèbres d’un assommoir.13

 

Y sin embargo, este era el texto de un loco.

 

 

 


1-MERLEAU-PONTY, Maurice, L’œil et l’esprit, Paris, 1964. “Mucho más lejos, porque el cuadro sólo es análogo a través del cuerpo, no ofrece al espíritu una oportunidad de volver a pensar las relaciones constitutivas de las cosas, sino a la mirada para que las una, las huellas de la visión del interior, a la visión lo que la cubre interiormente, la textura imaginaria de lo real ».


2-En François Emmanuel, entre art et thérapie, dossier La Folie, periódico Le Soir, 7 de abril de 1999.

3-Michel Foucault en su Histoire de la folie à l’âge classique, ya afirmaba que la razón ha producido la locura como rechazo y este rechazo es su propia condición de posibilidad.


4-Foucault sitúa históricamente a la locura definiéndola hasta la Revolución Francesa como un crimen y después como una enfermedad.

5-En el programa radiofónico Découverte, en Radio-Canadá, página web (www.radio-canada.ca), reportaje de 30 de marzo de 2003. Ver también-KLEIN, Jean-Pierre, L’art-thérapie, París, 1997.


6-MERLEAU-PONTY, M., op. cit.., p. 27.


7-FRANÇOIS EMMANUEL, op. cit.


8-En el artículo « Art d’équilibre contre instrument de guerre. Conversation posthume entre le vieux fauve et le jeune loup », con motivo de la exposición Matisse-Picasso en el Grand Palais de París, periódico Le Monde, 22-23 de septiembre de 2002.


9-Michel FOUCAULT en Dits et écrits II, 1976-1988 (Paris 2001), conferencia La folie et la société, pronunciada en octubre de 1970 en la facultad de artes liberales de la universidad de Tokyo, al establecer el estatuto etnológico general de la locura afirma que el loco es la verdad irresponsable (está excluido del discurso) en la Edad Media y que hoy los dos discursos que son excluidos son el de la locura y el de la literatura.


10--MERLEAU-PONTY, op. cit., p. 15. Hay que despertar a la gente. Transformar su manera de identificar las cosas. Habría que crear imágenes inaceptables. Que todo el mundo estalle de rabia. Obligarles a comprender que viven en un mundo inaceptable. Un mundo que no nos reconforta.

11-En la entrevista ficticia entre Picasso y Matisse, op. cit.


12-GUÉGAN, Stéphane, artículo Van Gogh/Gauguin. Les tournesols en partage, aparecido en la revista Beaux-Arts, febrero de 2002.

13-En mi cuadro Café nocturno he intentado expresar que el café es un lugar donde uno se puede perder, volverse loco, cometer crímenes. En definitiva, he buscado a través de contrastes de rosa pálido y de rojo sangre y de rojo violáceo, de un suave verde Luis XV y Veronés, contrastando con los verdes amarillentos y los verdes azulados duros, todo unido en una atmósfera de horno infernal, de azufre pálido, expresar el poder de las tinieblas de un cabaret donde los clientes sucumben por el alcohol. Texto de Van Gogh incluido en la obra de ARTAUD, Antonin, Van Gogh le suicidé de la société, París, 1974, pp. 62-63.