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FOTOGRAFÍA, ARTE Y ENFERMEDAD. LA IMAGEN TORCIDA

Tomás Zarza

El cuerpo es el lugar más irreductible de desencuentro en la historia del arte.
Santiago Olmo1

 

La esencia del acto de la representación fotográfica, a través de la trascripción óptica y química del registro, alteró los parámetros de la representación en medicina, fundamentalmente en los casos en los que la observación física de lo representado se hacía complicada. La fotografía médica2 ha estado envuelta desde sus inicios, en la delicada tarea de descifrar y hacer legible la extraordinaria complejidad visual del paisaje humano.

Esta forma retórica de reproducir la realidad, como así lo llama Martín Kemp es3 lo que sin duda caracteriza el trabajo del artista David Nebreda. Lo que la crítica médica especializada, refiriéndose a las fotografías de sus pacientes desnudos, reprochó como un delicado paso hacia el vouyerismo, el arte, -a través de los trabajos de Nebreda,- lo ha sacralizado en los últimos años como fuente suprema de inspiración.

Este licenciado en Bellas Artes, nacido en 1972, que posee una enfermedad de esquizofrenia irreversible, declarada cuando apenas tenía 19 años, defiende un pulcro sistema de vida por el que dan paso las flagelaciones, el agotamiento físico, la abstinencia sexual absoluta, los golpes, las quemaduras, los cortes en la piel y toda una ristra de felonías y “experiencias extremas de auto castigo”, según sus propias palabras4 , que es difícil imaginar en el mundo de los cuerdos. Las imágenes del presente artículo están recogidas en un catálogo titulado David Nebreda. Autorretratos5, publicado en España en 2002, pero fue en 2000 cuando algunas de sus imágenes se publicaron por primera vez en un exquisito álbum llamado Autoportraits6. Un volumen con muchos textos, entre los que están los del propio Nebreda. Es una biografía que se escapa de lo convencional, sobre todo en esta época en la que publicitar lo privado se ha convertido en un género más, como lo fue en sus inicios la fotografía médica.

 

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David es uno de los artistas contemporáneos españoles que han utilizado de una manera directa la fotografía como lugar de introspección personal, a modo de álbum personal. Es un discurso obsceno, como todos aquellos inscritos en la corriente actual del yo como modelo de representación. Aunque lo suyo no es una mirada cientifista, sino más bien alegórica, con una fuerte deriva hacia la representación pictórica clásica, con claras referencias al tenebrismo barroco y a la pintura religiosa y ajena a la preocupación actual de los códigos binarios, los trucajes y los clones virtuales. Nebreda juega a prolongar con sus imágenes fotográficas el acto de la visión, más allá del ojo humano, retomando el género fotográfico de lo insano nacido en el siglo XIX. El fotógrafo nos ofrece un extenso estudio de su enfermedad, una catalogación visual de sus procesos de deriva, como lo hizo el pionero de la “psicología visual”, el doctor Jean-Martín Charcot y su colaborador , el artista Paul Richer.

Nebreda despliega una estricta defensa de que sus imágenes no son el registro de una acción o performance artística, sino la obra misma. Son una escenificación controlada y dirigida por un artista que provoca una reflexión sobre los distintos roles sociales y culturales. Y es que lo privado hiere cuando exhibimos “al otro” y esto nos puede parecer obsceno.

Si hablamos de exhibir al otro podemos acercarnos al trabajo del médico y fotógrafo Carlos Canal que durante más de veinte años comparte una estrecha relación entre la enfermedad y la fotografía. Según el autor “los retratos se convierten en espejos con memoria que nos sirven para observar el paso del tiempo y permiten al paciente seguir su rastro, al perder su identidad amenazada por los cambios físicos ligados a tratamientos" 7. La propuesta de Canal es de índole humanista. Es una invitación a vivir la enfermedad lejos de la tragedia, indagando en los terrenos del inconsciente y buscando nuevos desarrollos personales que nos ayuden a esclarecer los misterios de la vida.

 

 

La tragedia presente en las imágenes de Nebreda no es un elemento oculto, se nos arroja a la cara. Esta presencia identitaria en la foto –sostiene el artista,- es un ejercicio narcisista, es un espejo; por eso, hablar en tercera persona ayuda al distanciamiento entre uno y su representación en imagen, de ahí los múltiples espejos que recogen su rostro en algunas de sus fotografías. Los rostros reflejados son pequeños cuadros que dejan de ser espejo para convertirse en presencia. Es la sempiterna simbiosis de la imagen dentro de sí misma, el cuadro8 dentro del cuadro . El estudio del doble anula el sentido del yo. Establezco una delegación clara de la identidad a través de las fotos de mí mismo9.

Nebreda provoca un distanciamiento de la imagen entre el sujeto y el objeto para que se produzca la representación. Como él mismo dice: Desmembrar el alma, desmembrar la identidad a través de la disección física. Esta idea de disección física10 está muy presente en toda nuestra tradición artista occidental. Bien sean las disecciones de los mártires de la iglesia que han quedado registradas en un sin fin de pinturas, o trabajos posteriores, en los años 70 donde el grupo de artistas “Wierner Actionismus”, y en especial, Helnwein’s o más adelante Arnolf Rainer se hicieron eco de lo grotesco, lo violento en sus retratos como víctimas o como verdugos. A pesar de seguir de cerca los trabajos de los surrealistas, en particular de Marx Ernst, Salvador Dalí y René Magrite el grupo de Viena prefirió explorar los símbolos personales, lejos de los automatismos del inconsciente, defendidos por ellos.

Al igual que en los textos bíblicos se habla de un Dios creador que modela al hombre a partir del barro y lo dota de vida, así se nos presenta el rostro modelado de Nebreda, cuidadosamente modelado con sus propios excrementos. Algo similar a lo que realiza el artista Cottinham que en palabras de Ramón Alcalá dice “tomar barro y modelar un ser para dotarlo de vida tras el soplo mágico de la entidad eléctrico-binaria que no se enmarca ya dentro del tradicional sentido figurado del arte o la literatura clásica, sino que revive en un auténtico ejercicio de prestidigitación simulativo, gracias al poder ficcional de la informática contemporánea” . Quizá el terror que nos invade al observar las imágenes de Nebreda es su obsceno acercamiento a nosotros, a lo que representan como imagen de identidad verosímil. Pero también hay un indiscutible sentido de la belleza, del orden: los espejos, las frutas, las inscripciones sanguinolentas manuscritas y firmadas, la luz teatral, casi mística; una cuidada composición y alineación de las luces de la escena con un marcado carácter expositivo, más allá de lo puramente documental.

 

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El trabajo de Nebreda, bajo la mirada contemporánea11, resume -en palabras de J. Ramón Alcalá-, el miedo de nuestra sociedad del siglo XXI a la soledad, a la incomunicación y a la propia Identidad12. Nebreda profana constantemente su identidad, desequilibrando el orden establecido de las cosas, lo que le convierte en una especie de proscrito de la razón.

Partiendo de la desaparición de la identidad y el desdoblamiento del yo Alcalá nos invita a cuestionarnos a través de las ideas de J. Clair cuál será el mundo donde nos reconozcamos.
¿Será, acaso un mundo descubierto a través de nuestro reflejo en el espejo.? Un mundo, que según la diversidad cultural, representará el averno, la locura o el mundo de la muerte. Así cuando la imagen aparecida sobre la superficie del espejo no se corresponda con su objeto estaremos ante el rostro del demonio, del demente o la cara de la propia muerte13. En 1924, cuando se comenzaba a utilizar la radiología como método introspectivo del cuerpo humano, Thomas Mann escribió La Montaña Mágica. En ella se muestran las terribles consecuencias para el joven Hans Castorp de verse enfrentado a la visión radiográfica de su cuerpo. Esta mirada hacia lo interno de su cuerpo le muestra la vulnerabilidad y finitud del cuerpo14.

El cuerpo de Nebreda es un mapa cuya orografía denota la profundidad e intensidad de sus acciones. La actuación se convierte en acción, y esta acción convive con la representación, siendo parte fundamental de la obra. De hecho, Nebreda afirma que no existe la noción de obra en su trabajo. El cuerpo de Nebreda, como el de tantos otros artistas que experimentan sobre sí mismos “es un campo de batalla donde el yo humano está buscando su forma15.” El cuerpo, por reducción es la materia que trasciende a las culturas16.

Lo interesante del trabajo fotográfico de Nebreda es que si somos capaces de dejar a un lado la vergüenza, el estremecimiento y el susto que, como dice Juan Antonio Ramírez17, puede provocar algunas de sus imágenes, entraremos en un inquietante espacio de representación, lleno de sombras y reflejos con una base enriquecida de referencias pictóricas clásicas, que nos alejan del loco y nos acercan al artista. La constante utilización del espejo en sus imágenes fragmentándolas, es quizá la clave para desenmascarar lo oculto. Las imágenes, según Pilar Gonzalo, ponen de manifiesto su refinada puesta escena, su carácter hermenéutico, “permitiendo al artista presentar sus interpretaciones sin importar en exceso la verosimilitud de la escena, el acta notarial en forma de imagen que se desprende de lo fotográfico como modelo a seguir y se construye en términos pictóricos"18 ; .

Lejos estamos ya de las propuestas del maestro Bresson y de su instante decisivo. La fotografía se sabe hoy como una disciplina construida, que parte de una realidad fragmentada y que toma sentido cuando ese frágil rompecabezas es armado bajo la batuta del autor y la atenta mirada del espectador. Ambos elementos de este binomio indivisible dan sentido a la imagen del artista. David nos abofetea con un trabajo autobiográfico directo,
que se alimenta de la preocupación contemporánea por la identidad privada, pero no pertenece a la generación de autores que retratan lo privado como N. Waplintong, M. Parr, o Nam Goldin. No deben considerarse sus imágenes, como asiente Juan Antonio Ramirez, como documentos de una situación humana sino como creaciones artísticas19.

Creo que era Alberto Manuel quien citando a Littré decía - Alguien que finge una enfermedad se puede limitar a estar en la cama y hacer creer a los demás que está enfermo. Alguien que simula una enfermedad produce en sí mismo algunos de los síntomas. De esta manera, fingir no trasforma el principio de realidad. Sin embargo, la simulación supone no reconocer entre lo verdadero y lo falso.

 

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El mismo Platón cuando pensó el simulacro en El Sofista, se da cuenta de que la idea misma de la falsa copia cuestiona todo el proceso de separación entre modelo e imitación, ya que no existe posibilidad alguna de distinción entre original y copia. Este mismo precepto de no reconocer el principio de lo real y el principio de lo simulado a través de las imágenes de Nebreda es lo más sobrecogedor del autor. Recordemos, que a menudo, como dice Pilar Gonzalo, nuestra idea de realidad se presenta ligada a la de verosimilitud20.

Juan Vicente Aliaga nos ayuda a comprender que “es pertinente y provechoso separarse de caducas teorías naturalistas y pensar en términos culturales para comprender que los denominados desvíos o descarríos obedecen al entramado de razones sociales, simbólicas y culturales que las relaciones humanas construyen con el tiempo y que nos son eternas e inamovibles. Así, los conceptos de monstruo y monstruosidad no son sino una fabricación humana que se va modificando en el tiempo21.” Estas anomalías están pegadas a lo físico y la clase médica y también la jurídica, ha sido quien ha establecido las reglas para detectar indicios que se alejen de la norma y la autenticidad del cuerpo humano.

La presencia del proscrito, nos arrastra a la tentación del juzgarle bajo la autoritaria mirada del loco, aún sabiendo que hoy los estudios culturales nos han ayudado a entender que dichas concepciones son simples y proclives al error. Lo que en tiempos victorianos se bautizó como salvaje hoy lo entendemos como diversidad. El loco, es tildado de monstruo porque no poseemos la herramienta que ajuste el proceso de comunicación entre sujetos, y eso bloquea el entendimiento y genera el rechazo.

Lo más impactante de Nebreda es que nos enfrenta a nosotros mismos. Quizá hoy, donde se masacran pueblos en nombre de una justicia preventiva e infinita, el loco haya cambiado de bando sin que nos hayamos dado cuenta de ello. Después de todo, como dice el propio Nebreda, el principio de la identidad es ajeno a la moral22.

 

 

1-Palabras del autor extraídas de la conferencia que David Nebreda ofreció durante el curso de verano de la Universidad Complutense de Madrid en el Escorial. El curso: La Razón frente a la Emoción, estuvo dirigido por Santiago Olmo y formó parte dentro de las actividades del II Festival Internacional de fotografía PhotoEspaña 2000 y en el que compartí espacio como invitado.
2-La técnica fotográfica para reproducir el cuerpo humano ha pasado de las simples placas fotosensibles en blanco y negro, que hacían complicada su lectura, a la implementación de métodos muy avanzados como la Tomografía de Positrones (Positron Tomography o PET), que permite “ver y distinguir” células enfermas de otras normales. Cuando la enfermedad ataca, cambia la bioquímica de los tejidos y las células del cuerpo. Los sistemas tradicionales de imagen, como los Scans CT y los MRI sólo nos muestran información física del cuerpo. Estas nuevas maneras de acercarse al cuerpo desde su composición bioquímica abren un esperanzador camino para la detección precoz de enfermedades severas como el cáncer. El sistema es simple. Antes de realizar el scanner PET, el paciente se inyecta un indicador radiactivo con sustancias que simulan las que se encuentran normalmente en el cuerpo. Al cabo de una hora esta sustancias se depositan en las células enfermas, pudiéndose ser localizadas con el escáner sin necesidad de intervención quirúrgica.
Búsqueda en: http://www.baptisthealth.net. Fecha de búsqueda: 22/10/2004.
3-KEMP, Martin, “A Perfect and Faithful record” en Beauty of Another Order. Photography in Science, Yale University Press. 1997. Pág. 123
4-Véase nota 1.
5-NEBREDA, David, Autorretratos. Ediciones Universidad de Salamanca y Éditions Leo Scheer. Salamanca 2002.
6-NEBREDA, David, Autoportraits, Éditions Leo Scheer, Paris, 2000.Aunque podemos encontrar los primeros textos y fotografías publicadas por Nebreda en el catálogo de la Galería Xippas de Paris, con motivo del Mois de la Photo en 1998.
7-CANAL, Carlos y SÁNCHEZ R. Rosa, Recuperar la Luz, Mestizo. 2004.
8-GÁLLEGO, Julián, El cuadro dentro del cuadro. Cátedra, 1978.
9-NEBREDA, David., ver nota 1.
10-Ibídem.
11-ALCALÁ, José Ramón., Monstruos, fantasmas y alienígenas. Poéticas de las representación en la cibersociedad. Fundación Telefónica. Catálogo de la exposición. 2004. Pág. 21.
12-Ibídem., Pág. 27.
13-ALCALÁ, José Ramón., Op. Cit., Pág. 19. Cita a CLAIR, J., Medusa, Gallimard, París, 1989, Pág. 163.
14-MUÑOZ GUEROLA, Mario, Mirar al que mira, 2002. Pág. 3. Búsqueda en http://www.usuarios.lycos.es/mguerola/fin.html. Fecha de búsqueda: 22/10/2004.
15-CORTÉS, José María. Orden y Caos. Un estudio cultural sobre lo monstruoso en el arte. Anagrama. 2003. Pág. 124.
16-NEBREDA, David., Ver nota 5.
17-RAMIREZ, Juan Antonio, Corpus Solus. Para un mapa del cuerpo en el arte contemporáneo. Ediciones Siruela, 2003. Pág. 79.
18-GONZALO PRIETO, Pilar., Zombis, Castrados, Mantis y Deformes. Notas para una exploración de la postfotografía. Asociación Murciana de Críticos de Arte. 2003. Pág. 42.
19-RAMIREZ, Juan Antonio, Op. Cit. Pág. 89.
20-GONZALO PRIETO, Pilar., Op. Cit. Pág. 41.
21-ALIAGA, Juan Vicente, “Los perfiles del Monstruo”, en ALCALÁ, José Ramón., Monstruos, Fantasmas y Alienígenas. Poéticas de la representación en la cibersociedad. Fundación Telefónica. 2004. Pág. 31-32
22-NEBREDA, David.,