LA MELANCÓLICA SINRAZÓN DE LA MÚSICA


César Ureña Gutiérrez


"La música instrumental es la más romántica de todas las Artes - uno incluso puede afirmar que es la única genuinamente romántica -, ya que su única materia es el infinito. La lira de Orfeo abrió las puertas de Orcus - la música revela al hombre el dominio de lo desconocido, un mundo que no tiene nada en común con el mundo exterior y normal que le rodea, un mundo en el cual abandona tras de sí todos los sentimientos determinados para rendirse al anhelo de lo inexpresable".

E.T.A. Hoffmann (1813)

 

Con esta larga cita aplicada a la música instrumental como prioritaria y superior al resto de las músicas, sobre todo la vocal, Hoffmann sentaba las bases de una de sus definiciones de la música romántica, pero en ella también se plantean los dos asuntos fundamentales que constituyen el objetivo esencial de estas notas.


En primera instancia Hoffmann se refiere a la "materia" de la música, que define como "el infinito" de modo exclusivo, lo que convierte a la música en un arte ligado a lo inaprensible y a lo fugaz, y por lo tanto también al concepto de lo eterno, pues aquello que es intangible y está en huida permanente, en movimiento continuo, se asocia a lo infinito y lo infinito es por esencia eterno. Así pues, la carne, la materia propia y determinante de la música, es la ausencia; ningún otro arte está constituido por esta atemporalidad, ningún otro arte germina de un concepto tan etéreo e inesencial, ya que su ser es inconstante y su conciencia está más ligada al recuerdo que al presente. Este carácter de "pérdida" inevitable, de incontingencia - que es núcleo constitutivo de la música -, se asocia a la nostalgia de lo perdido y como tal nostalgia desemboca en melancolía. Es la "negra melancolía", el triste y desdichado humor negro que nos recuerda los primeros versos estremecedores con que Nerval abre "Les Chimères":


Je suis le ténébreux-le veuf- l'inconsolé,
Le prince d'Aquitaine à la tour abolie:
Ma seule étoile est morte, et mon luth constellé
Porte le soleil noir de la Mélancolie.
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Más adelante Hoffmann nos advierte de que Orfeo ha abierto con su lira las puertas de Orcus, dejando así en libertad a los espíritus infernales que allí habitan. Por esta puerta abierta se escapan los monstruos y demonios que nos acosan. Ellos son los responsables de la acedia que nos arrastra a la disociación, el tedio y el aburrimiento del espíritu. Hoy sabemos que estos provocadores diablillos no están fuera de nosotros sino en nuestro interior y que son parte de nosotros mismos, de nuestro ser más complejo, son lo que denominamos "inconsciente".


Pero nuestro inconsciente se escapa a nuestra razón, al orden consciente del mundo y de la realidad que nosotros percibimos, situándose en el territorio de lo inefable, de lo "inexpresable". En este estado, la música, como la poesía, tiene la capacidad de descomponer el lenguaje descodificándolo para crear un lenguaje distinto que no se sujeta a las pautas ordinarias del signo sino que crea una nueva semántica al constituirse en expresión del inconsciente y, por tanto, de aquello que es "inexpresable". En este punto son ciertamente ilustrativas las palabras que Albert Béguin escribió sobre el propio Nerval: "El que así habla se ríe de la razón humana que lo juzga, y su lógica no es la nuestra. Parece dirigirse a nosotros desde el seno de un estado de conocimiento donde las nociones de buen sentido y de locura habrían dejado de constituir una insoluble contradicción". Este nuevo conocimiento que se pronuncia desde una lógica diferente, sitúa a la creación musical en un lugar privilegiado donde puede profundizar en los aspectos más sutiles y complejos de la personalidad.


Desde esta óptica es necesario resaltar la importancia que la música - tanto como otras artes, aunque de un modo más melancólico - ha tenido y tiene como expresión de aquello que no se somete a la razón, por tanto de la sin-razón, que no sólo puede ser una expresión de la demencia sino una lúcida contra-razón que conforme y desarrolle un lenguaje metaexpresivo capaz de trascender el lenguaje lógico.


Así pues, el carácter de "música pura", sustentado en la pasión como fuerza generadora, y no necesariamente en la razón, y con una abierta posibilidad subversiva del propio lenguaje, es el que condiciona y casi determina el atributo melancólico que lo define, pues al establecer un nuevo lenguaje arracional que se nutre de la materia de lo infinito, sitúa su esencia en lo inasible, en el reino de las sombras, donde el único principio ordenador es el tiempo, un tiempo por definición siempre pretérito.


La melancolía era uno de los cuatro humores de la Antigüedad que se asociaba a uno de los cuatro elementos esenciales, en este caso a la tierra. El humor melancólico estaba asociado al frío, al otoño y a la vejez, normalmente las personas que padecían un exceso de este humor eran personas solitarias, hurañas e indolentes, y digo padecían porque la melancolía era considerada una enfermedad que había que combatir; una segregación excesiva de bilis negra convertía al individuo en melancólico, del mismo modo que una segregación excesiva de bilis amarilla lo convertía en colérico. Durante mucho tiempo esto era considerado indiscutible, pero fue en el renacimiento, a través de varios artistas, y de forma emblemática a través de Durero, cuando esta idea fue sustituida por otra de índole distinta. Durero en su famoso grabado sobre la Melancolía, aunque también en otros como "El caballero, la muerte y el diablo" o "San Jerónimo en su celda", dio paso a una nueva interpretación de la melancolía al relacionarla no con la indolencia, la pereza, o la acedia, sino con una capacidad superior de la inteligencia. El melancólico lo era a través del conocimiento, y ese conocimiento, ese saber, esa inteligencia adquirida, le incapacitaba para la acción; su inactividad derivaba de su sabiduría y procedía de un escepticismo que invalidaba a priori todo acto. De esta forma Durero asociaba la melancolía con el creador, con el artista, nacido bajo el signo de Saturno; la melancolía ya no era una enfermedad a causa de un desequilibrio de los humores, lo que podemos llamar un mal humor, sino que se fundamentaba como una característica propia del artista, del creador, del genio y por lo tanto, quedaba definitivamente vinculada al Arte.


Es desde esta perspectiva donde el término melancolía cobra una dimensión espacial diferente, pues ya no es algo intrínseca y esencialmente físico, sino que deviene en algo metafísico y por añadidura ontológico, constitutivo del ser y no del estar. De este modo, la melancolía se reviste de la materia de lo infinito y por fin queda asociada no a un estado excesivo del cuerpo, sino a un estado carencial del espíritu, no a un aumento humoral, sino a una pérdida existencial. Su atributo constitutivo no es el logos sino el pathos, no está ligada al reino de la razón sino al de la sinrazón, no se define en la finitud sino en el infinito, ... como la única materia de la música.

Madrid, 12 de mayo de 2004

 


1-Yo soy el tenebroso -el viudo- el desolado,
Príncipe de Aquitania en la torre abolida:
Mi única estrella ha muerto, y mi laúd constelado
Ostenta el negro sol de la Melancolía.