Baja corriendo las escaleras que llevan de la calle al metro, cubierta de pies a cabeza por un velo negro y una túnica violeta que se infla con el aire que se embolsa cuando gira exasperada para decir: ‘jamais un homme gentil pour aider, ils sont là mais ils sont absents!’ De un gesto enérgico sostiene el otro extremo del cochecito de una mujer con foulard y la ayuda a llegar a la estación.
a oscuras la puerta se cierra sola con un clac y quedo sumergida en la oscuridad y el silencio. no enciendo la luz, apoyo el grabador sobre la mesa y respiro hondo mientras me dejo llevar a otra dimensión. todos esos testigos y números encendidos en la pared de la izquierda han de ser el tablero de mandos de una nave, o estrellas, azules o rojizas, naranjas, que brillan en la noche. de la ventana llega un resplandor que sugiere las siluetas de los muchos grabadores, videos, radios, equipos y aparatos diversos que se apilan en estanterías hasta el techo. el técnico ha de ser feliz en esta sala, así, a oscuras, sintiéndose comandante secreto de una misión intergaláctica.
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