Aparición teatral

Baja corriendo las escaleras que llevan de la calle al metro, cubierta de pies a cabeza por un velo negro y una túnica violeta que se infla con el aire que se embolsa cuando gira exasperada para decir: ‘jamais un homme gentil pour aider, ils sont là mais ils sont absents!’ De un gesto enérgico sostiene el otro extremo del cochecito de una mujer con foulard y la ayuda a llegar a la estación.

 

a oscuras

la puerta se cierra sola con un clac y quedo sumergida en la oscuridad y el silencio. no enciendo la luz, apoyo el grabador sobre la mesa y respiro hondo mientras me dejo llevar a otra dimensión. todos esos testigos y números encendidos en la pared de la izquierda han de ser el tablero de mandos de una nave, o estrellas, azules o rojizas, naranjas, que brillan en la noche. de la ventana llega un resplandor que sugiere las siluetas de los muchos grabadores, videos, radios, equipos y aparatos diversos que se apilan en estanterías hasta el techo. el técnico ha de ser feliz en esta sala, así, a oscuras, sintiéndose comandante secreto de una misión intergaláctica.
también yo me voy a otro universo. las clases iluminadas, las conversaciones, los corredores y las escaleras donde el eco multiplica las voces, todo eso, ahora, ha dejado de existir. soy sólo una respiración que se disuelve en el espacio sin contornos de lo oscuro.
¿cuántos segundos dura el encantamiento ? sin el grabador, vuelvo a la puerta. con la luz que se cuela al abrirla, desaparece el efecto espacial.
la escalera que bajo –me digo- es idéntica a la que subí, ¿la noche es la misma ?

 

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